Todo el mundo sueña algo malo a veces, pero las pesadillas suelen alterar más a una persona conforme se desarrollan.  Las pesadillas despiertan y, por lo general, la gente recuerda el sueño en detalle, posiblemente sintiendo temor, ansiedad, ira, tristeza o disgusto por el sueño.  Lo más probable es que sea difícil para esa persona volver a conciliar el sueño.

La causa de las pesadillas no siempre es clara.  Factores estresantes del diario vivir y cambios importantes de la vida, como la muerte de un ser querido o una mudanza, podrían desencadenar pesadillas más frecuentes. Eventos traumáticos, como un accidente o una lesión, podrían provocar el trastorno por estrés postraumático (TEPT), en el cual ocurren sueños vinculados al trauma sufrido.  Los medicamentos que afectan a los neurotransmisores (sustancias químicas del cerebro), como la norepinefrina, la serotonina y la dopamina también pueden causar pesadillas frecuentes.  Entre algunos ejemplos están los fármacos que contienen levodopa y reserpina (Serpalan), así como los betabloqueadores y los antidepresivos.  Por su parte, el alcohol se vincula a sueños más intensos y a recuerdos más vívidos de los mismos.

Las pesadillas ocasionales no son motivo de preocupación, pero cuando el sólo pensar en dormir causa ansiedad y temor debido a la recurrencia de este tipo de sueños, lo prudente sería consultar con el médico.  Las pesadillas que se relacionan con una enfermedad subyacente o una afección mental generalmente se controlan al tratar el problema de fondo.  Por otro lado, las técnicas para disminuir el estrés o recibir consejería y/o terapia también podrían ser útiles para una persona.

El médico posiblemente le sugiera mantener un diario de los sueños, a fin de seguir la pista de los patrones de sueño y de los factores que lo afectan.  En casos de sueño sumamente alterado, quizás lo recomendable sea realizar un estudio del sueño para lograr determinar las causas y alternativas de tratamiento.