A lo largo del continente americano (y del mundo), hay todo tipo de tradiciones, culturas y pueblos que han usado desde hace miles de años medicinas, plantas y formas de curar muy variadas. Esta es la medicina natural, la más cercana a las plantas y la tierra.

Después, con la llegada de los europeos a las Américas, la cultura occidental y la ciencia (como la conocemos hoy) se mezclaron con este conocimiento antiguo y es quizás por ello que en Latinoamérica hemos crecido escuchando, viendo y usando una gran variedad de medicinas, no sólo la convencional o alópata, donde asistimos a un médico o a un hospital o tomamos pastillas fabricadas por compañías farmacéuticas, sino también conocemos de cerca a los curanderos, parteras, chamanes, plantas, mercados con hierbas, remedios caseros y naturales o consejos populares que se han pasado tradicionalmente de generación en generación y hasta brujos, hechicería y métodos “espirituales” para diferentes tratamientos.

Pero así como esto nos abre la mente a otras posibilidades de terapias que pueden o no ir de la mano con la medicina que llamamos convencional o alópata, también nos pone en riesgo de usar sustancias de las cuales no hay estudios científicos que las avalen o que incluso son peligrosas o son usadas por personas no profesionales que no cuidan la salud de la gente o incluso se aprovechan de ella por intereses personales.

Por eso, desde hace mucho tiempo, hay un sin fin de discusiones e investigaciones entre los médicos y los científicos universitarios sobre cómo se diferencian, si son válidas, si funcionan, y si se complementan o se contraponen.

Conozcamos un poco más…

Empecemos con la medicina que llamamos convencional o alópata, o sea, el doctor de bata blanca que estudió en las universidades. Sus referencias son los textos científicos y su método de trabajo se asocia al de recetar a sus pacientes medicamentos fabricados en laboratorios. Lo que caracteriza en el fondo a esta medicina es que está validada por un método científico riguroso. El método científico, de acuerdo a la definición del diccionario médico del American Heritage, consiste en: la observación de un fenómeno, la formulación de una hipótesis respecto al fenómeno, la experimentación para demostrar si la hipótesis es cierta o falsa y una conclusión que valide o modifique la hipótesis.

Como ves, el método científico requiere reunir datos, resolver problemas, analizar conclusiones de acuerdo a los resultados observados…. es complicado. Pero al final, es importante que los descubrimientos puedan ser comprobados mediante experimentación por otra persona, en otro lugar, y en que las hipótesis sean revisadas y modificadas si no se cumplen. No basta con testimonios. Todo tiene que ser comprobado varias veces. De hecho, un medicamento no puede recibir la autorización de las autoridades de salud (en EEUU, la FDA) a menos de que haya pasado por varios niveles de investigación y que los resultados hayan sido revisados y comprobados por varios investigadores en diferentes instituciones.

La medicina alternativa también es una forma de tratamiento (por ejemplo, con plantas o hierbas) pero se le llama alternativa, porque no ha pasado por el método científico, así que no está completamente comprobada ni avalada por la ciencia. Esto puede ser porque todavía no hay muchos estudios al respecto o, porque los estudios que se han hecho no arrojan conclusiones confiables y entonces el uso de esa sustancia aún no puede ser validada por el método científico. De hecho, muchos productos de la medicina convencional se originan en las plantas o sustancias naturales y sus propiedades, y una vez que estos efectos benéficos para la salud se han estudiado y se han comprobado, se extraen y se procesan para crear varios de los medicamentos comunes que podemos comprar en la farmacia. Es decir, muchos de los fármacos que utilizamos hoy en día en la medicina convencional, están basados en remedios tradicionales que han sido rigurosamente estudiados y avalados por la ciencia.

La medicina alternativa o medicina complementaria podría ayudar, aunque no esté basada en evidencia científica, o podría no ayudar (una vez que la ciencia lo evalúa) pero la gente la sigue usando como parte de sus tradiciones. Hay muchos ejemplos de este tipo de medicina en todo el mundo. En nuestro continente pueden ser los temascales o baños de vapor, ceremonias espirituales tradicionales, los ayunos, purgas, dietas y el uso de una variedad de plantas o hierbas. Otras formas de medicina alternativa son: la homeopatía, el ayurveda, los masajes, algunas formas de acupuntura, la moxibustión, la bioenergética, la quiropráctica, la aromaterapia (uso de aceites esenciales), la medicina energética como el Reiki, tai chi o chi kung, la medicina tradicional china, la hipnosis, la meditación o el yoga, por mencionar algunos. Y obviamente, no todas están en la misma categoría.

Por otra parte, la medicina complementaria podría ser una o varias de las que acabamos de mencionar, digamos, una terapia de acupuntura, que puede ir de la mano de los tratamientos convencionales, es decir, la administración de medicamentos, proceso quirúrgicos, terapias químicas o con ciertos aparatos. Algunas terapias no se contraponen, sino que unas ayudan a otras y actúan apoyándose para mejorar la salud del paciente en conjunto.

Varios estudios mencionan a la acupuntura o la hipnosis, por ejemplo, ayudando a los pacientes con dolores crónicos, con estrés o con ansiedad a la par que usan tratamientos de medicina convencional. En estos casos, es siempre importante que conozcas bien cuál es tu padecimiento y lo consultes con tu médico. Si estás interesado en complementar o mezclar terapias alternativas con terapias convencionales, debes estar seguro que tu padecimiento lo permite y que no se contrapone con la terapia alternativa que elegiste seguir. Algunas plantas, procedimientos, terapias o técnicas causan efectos negativos cuando se usan sin vigilancia médica y se combinan con otros tratamientos. Idealmente debes chequear con tu médico primero.

Pero también hay casos exitosos de estudios como los reportados en el portal de Oncología Integrativa sobre pacientes pediátricos (Liossi y Hatria 1999 y 2003) que revelan que la hipnosis disminuyó el dolor y la ansiedad durante los tratamientos contra la leucemia o el linfoma y además, tuvieron mejores resultados que otras técnicas como la relajación.

En pacientes sobrevivientes de cáncer, otro estudio descubrió que el 61.4% usó técnicas espirituales para complementar sus tratamientos; el 44.3% usó técnicas de relajación; 40.1% suplementos y vitaminas; 15% meditación; 11.2% masajes; hipnosis 0.4% y acupuntura o acupresión el 1.2%. De ellos, las mujeres estuvieron más abiertas a probar este tipo de terapias junto con su tratamiento, que los hombres.

Quisiera aclarar que en la columna he usado los términos medicina alternativa y medicina complementaria como si fuesen lo mismo pero, de hecho son diferentes. “Medicina complementaria” se utiliza más correctamente para las terapias no convencionales que se usan junto con los tratamientos convencionales. Mientras que “medicina alternativa” se refiere a las terapias que se usan en vez de los tratamientos convencionales. Un ejemplo de un paciente que elige medicina alternativa sería un paciente con cáncer que decide seguir una dieta y tomar una serie de hierbas en vez de la quimioterapia que le recomienda un médico. Finalmente, cuando hablamos de “medicina integrativa” o “medicina integral” es cuando se mezclan tanto la medicina convencional con la complementaria y la alternativa.

Afortunadamente se están realizando muchos estudios científicos para determinar si varias de las hierbas que se han utilizado y se utilizan ayudan para ciertas condiciones o no y si sí, la cantidad que se necesita y por cuánto tiempo. Además, si tienen interacciones con otras hierbas o medicinas. También se están realizando estudios para valorar varios métodos alternativos. Todo esto nos ayuda a todos a estar mejor informados, y con mejor información a mejorar nuestra calidad de vida y longevidad que, finalmente, es el objetivo de todos los tratamientos ¿No es cierto? A medida que conocemos más, que realizamos los estudios científicos, los tratamientos se vuelven más seguros y una vez que sabemos que son seguros y cómo se deben administrar, dejan de ser tratamientos alternativos para convertirse en convencionales ¡Qué afortunados somos de vivir en el siglo veintiuno!