Seguramente has oído hablar muchas veces de los “infartos”, pero puede ser que no tengas claro qué sucede cuando se tiene un ataque al corazón. El corazón es el órgano que bombea la sangre al resto del organismo. Si el corazón se detiene, el resto de tu cuerpo también. Es un órgano muy importante que necesita una continua inyección de sangre rica en oxígeno proveniente de las arterias coronarias (que son las que lo nutren) para funcionar adecuadamente. Un infarto o ataque al corazón ocurre cuando una arteria coronaria se tapa y el flujo sanguíneo no puede llegar al miocardio o sea al músculo del corazón.

Que una arteria coronaria se obstruya se debe por lo general a una condición llamada arterioesclerosis, en la cual las arterias se bloquean por depósitos de grasa llamados placa. Imagínate una manguera tapada que no lleva suficiente agua hasta un motor que la necesita para seguir trabajando. La arterioesclerosis funciona de esa manera. O un depósito de grasa de una arteria más gruesa se puede desprender y viajar a una arteria más delgada y el efecto es el mismo, no permite el paso de la sangre.

Factores de riesgo de ataque al corazón
Los factores que aumentan tu riesgo de tener un ataque al corazón incluyen:

Género: los hombres tiene un riesgo más alto de sufrir un infarto o ataque al corazón antes de los 55 años. Las mujeres igualan este riesgo después de la menopausia.
Historia familiar: si tus hermanos, padres o abuelos tuvieron infartos o ataques al corazón a temprana edad, tu riesgo es mayor.
Edad: aunque los hombres tienden a empezar a tener ataques al corazón a una edad más temprana si  tienen antecedentes familiares y no se cuidan, el riesgo aumenta a mayor edad, especialmente después de los 65 años.
Fumar: que se sabe disminuye el aporte de oxígeno, además de dañar las paredes de las arterias y aumentar el riesgo de que se formen coágulos que tapen las arterias. Incluso el estar expuesto al humo de segunda mano es malo porque aumenta el riesgo de desarrollar irregularidades en el ritmo del corazón.
Colesterol alto: el tener niveles elevados del llamado colesterol malo (LDL) aumenta el riesgo de enfermedad coronaria. Puede tener un factor genético, pero frecuentemente es el resultado de una dieta rica en grasas saturadas y una vida sedentaria o una combinación de estos factores.
Diabetes: la diabetes que no se controla adecuadamente aumenta el riesgo de sufrir arterioesclerosis.
Hipertensión: la presión elevada, cuando no se controla hace que el corazón tenga que trabajar de más. También aumenta el riesgo de ataques cerebro-vasculares (o sea, embolias y trombosis cerebrales o apoplejía).
Falta de ejercicio: un estilo de vida sedentario causa aumento de peso y del colesterol malo.
Sobrepeso: las libras de más y la obesidad aumentan el riesgo de desarrollar presión arterial alta, colesterol alto y diabetes. El exceso de peso localizado en el área de la cintura es el que se ha asociado a enfermedades cardiovasculares en particular.
Alcohol: cuando se bebe en exceso, tiende a asociarse a sobrepeso y, en algunas personas a elevación en los triglicéridos (unas grasas en la sangre).
Estrés: vivir estresado hace que la presión arterial se eleve, hace que algunas personas coman, fuman o beban en exceso.
Si tienes algunas de estas características es indispensable que visites a tu médico para que te examine y te haga los estudios necesarios. Se recomienda que auque te sientas bien conozcas tu presión arterial, tu colesterol y otros números que sólo se pueden medir si vas a un chequeo médico. Desde luego que la prevención de un ataque al corazón incluye modificar hábitos como dejar de fumar, llevar una alimentación sana, hacer ejercicio, procurar tener un peso saludable, etc. Un médico puede asesorarte en tu caso particular.

Señales de un ataque al corazón
Tu cuerpo te avisa de un ataque al corazón con síntomas como:

Opresión en el pecho, un dolor severo que puede extenderse a los brazos, los hombros, la mandíbula, el cuello e incluso la espalda.
Indigestión o dolor persistente en la boca del estómago o parte alta del abdomen.
Mareos o desmayo.
Escalofríos.
Dificultad para respirar.
Ansiedad y palpitaciones.
Dificultad para dormir.
Sudoración.
Palidez.
Manos, labios o pies morados.
Si aparecen los primeros indicios de un infarto es necesario reaccionar de inmediato: ¡Es una emergencia! Se puede salvar la vida y lograr que los daños sufridos por el corazón sean más leves si actúas al instante. Al mismo tiempo, los resultados del tratamiento serán mucho más eficaces si se reacciona en el marco de la hora siguiente al comienzo de los primeros signos. Llama al número de emergencia 911 o acude de inmediato al hospital.  No dejes que tu corazón se detenga. Recuerda, puedes prevenir estos ataques tendiendo un estilo de vida mucho más saludable. Para más información sobre tu caso específico, consulta con tu médico.