Para ellos, la única válida era el denominado centralismo democrático que aplicaron en los regímenes donde fueron y siguen siendo gobierno, como en Corea del Norte, Cuba y -también- Venezuela; que no es otra cosa que el poder absoluto en un solo grupo, familia o persona. La mayoría de los izquierdistas ya no se reconocen como comunistas, aun cuando poco o nada han cambiado; sino ahora se denominan progresistas, ecologistas, hasta liberales. Y dicen que si creen en la democracia por puro interés estratégico o táctico; aunque más en la forma que en el fondo. Y, sobre todo, en aquello que los beneficia. Por eso, en algunos países de la región participan en procesos electorales, ganan elecciones y -usando triquiñuelas- se mantienen en el poder. Han dejado la lucha armada por los comicios. Han descubierto a la democracia como la vía para llegar al poder y utilizarla a su manera. Y con la ayuda del dinero sucio de la corrupción de las multinacionales brasileñas (Odebrecht en especial) a través del Grupo de Río que aglutina a la izquierda marxista reciclada latinoamericana han ganado procesos electorales en varios países hermanos; en algunos de los cuales, como Venezuela, Nicaragua, Ecuador, se siguen reproduciendo.

Precisamente este es uno de los argumentos que enarbolan algunos dirigentes del Frente Amplio, con su candidata a la cabeza, para negar que Venezuela sea una dictadura: porque no hubo un golpe de Estado; y es producto de procesos electorales. La historia moderna demuestra que los regímenes dictatoriales no son resultado exclusivo de los golpes de Estado. Los países del fracasado “socialismo realmente existente” no tuvieron tal origen. Fueron producto de la revolución como Rusia o de la invasión soviética como los demás países del entonces “cortina de hierro”. Incluso, Venezuela no es el resultado de un golpe de estado, que si lo intento Hugo Chávez en 1992 pero que se frustró por su comprobada incapacidad como militar; pues todos sus pares si lograron tomar militarmente sus respectivos objetivos; pero el “comandante” no pudo tomar Caracas. Tuvo un origen democrático, pero en forma progresiva con su mafia gobernante lo fue convirtiendo en una dictadura. No hay libertades civiles, políticas, económicas y sociales. Tienen el control absoluto de todos los poderes del Estado; excepto (recién) el Congreso.

En Venezuela hay un régimen dictatorial totalitario por donde se le analice. Además de comprobadamente inepto y corrupto que se quiere mantener en contra de la voluntad mayoritaria del pueblo que exige elecciones libres. Nada más.

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