Hace tres años hicimos un viaje –con amigos entrañables– por todo el sur, partiendo de Lima hasta Nasca para ingresar por Puquio y Abancay hacia el Cusco, para de allí avanzar por Sicuani hasta Puno y luego retornar por Juliaca, Arequipa e Ica a la capital.

Ese viaje no fue tanto de placer sino de conocimiento de la realidad y comprensión cultural de las diferentes etnias del sur peruano para entender mejor nuestra historia y extraer razones por las cuales, teniendo tanto en recursos y antecedentes como  potencias económicas, tecnológicas y militares que permitieron a nuestros ancestros forjar grandes imperios. En el presente seguimos con el estigma de ser considerados mendigos sentados en grandes bancos de oro.

En ese entonces señalamos que nos contaron mal la historia y generaron graves espacios de conflictos de intereses entre culturas con personalidad propia enfrentadas entre sí porque luego de la independencia no se ha podido construir una idea común de nación por la dejadez de todos al descuidar la necesaria integración de esa diversidad cultural que genera conflictos de intereses que ya deberían ser percibidos como comunes, cuya satisfacción progresiva signifique el bien de todos y no de unos pocos. Por eso no aparece todavía en el pensamiento colectivo nacional la idea de bien común.

En esta oportunidad decidimos hacer otro viaje, encontrándonos a la mitad del mismo, pero esta vez por el norte, partiendo de Lima hacia Chiclayo para entrar hacia Jaén y proseguir hasta Chachapoyas y luego atravesar la Selva Alta por Nueva Cajamarca, Rioja, Moyobamba y Tarapoto, quedando por cerrar el círculo por Tingo María de retorno a la capital.

No hay sorpresa en el diagnóstico del viaje anterior y la situación es la misma en torno al escenario político, la corrupción, la economía estancada, la carencia de institucionalidad; y, sin embargo, es notoria la pujanza de un pueblo que a pesar de sus líderes no se rinde y siempre crea condiciones para superar cualquier crisis.

Por esta zona es febril la actividad agropecuaria pero todos se quejan de abandono estatal. No se nota trabajo alguno de reconstrucción en las zonas afectadas por El Niño costero… en fin, más de lo mismo.

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