En contraste a esta realidad, la empresa peruana se caracteriza por tener un porcentaje de micro, pequeñas y medianas empresas muy alto con respecto al total. Esto quiere decir que, en su mayoría, estas empresas mantienen entre 1 y menos de 100 trabajadores normalmente, lo que plantea un problema de competitividad ya que limita el aprovechamiento de las economías de escala, así como la capacidad de negociación de los empresarios en este mundo internacionalizado.

En respuesta a dicho escenario, la subcontratación resulta un instrumento que permite articular a grandes y pequeñas empresas con el fin de generar sinergias entre sí que redunden en mayores niveles de eficiencia y productividad. Esto es posible, ya que la subcontratación es una forma de cooperación entre empresas que faculta la desintegración vertical de un proceso productivo, a través de la delegación en terceras firmas de uno o más procesos de dicha cadena de valor. Específicamente, se manifiesta cuando una empresa otorga un pedido a otra para que produzca partes, componentes o ensamble los mismos.

A través de esta forma de asociatividad se logra, por un lado, una mejora de la calidad del producto; y por otro, se consigue un abaratamiento de los costos de fabricación. De esta forma, la subcontratación se ha convertido hoy en día en uno de los elementos centrales de las nuevas estrategias competitivas de las grandes empresas en el mundo.

El uso de la subcontratación ha generado múltiples beneficios en las economías en las que se aplica. En la Unión Europea constituye una importante fuente de empleo que integra la cadena productiva entre las empresas grandes con las medianas y pequeñas. Según cifras disponibles, en España por ejemplo, la subcontratación involucra a 20,000 empresas, siendo 13,000 pymes, las cuales emplean a 270,000 trabajadores, con un valor de producción cercano a los 61,000 millones de euros, representando así un 10.2 por ciento del total de la industria española.

Así, el desarrollo de la subcontratación como alternativa se convierte en un importante motor económico, no solo en el ámbito comercial, sino también en la generación de empleo y riqueza. Por esa razón, se torna fundamental que tanto el sector público como el privado, impulsen políticas e iniciativas que prioricen el desarrollo de este mecanismo de cooperación interempresarial para de esa forma dinamizar el sector exportador peruano y alcanzar mayores índices de competitividad.

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