¿Qué significa lo anterior? Si se entiende que el 60 % de las exportaciones peruanas es minera y que de esta el 30 % es de cobre, entonces tenemos más claro el panorama. De alguna u otra manera el metal rojo es “el sueldo del Perú”.

¿Qué ha motivado que de pronto el precio del cobre vaya en ascenso? Quizá existan dos motivos. La primera es que China ha vuelto a experimentar un crecimiento cerca al 7 % del PBI. Si bien China ya no crece a un ritmo de 10 % promedio como años atrás, este crecimiento ayudará a mejorar los “términos de intercambio” con las economías latinas. China aún tiene el gran reto de cerrar las brechas de pobreza en la zona oeste de ese inmenso país-continente. Ello podría augurar que el ciclo alcista del precio de cobre sería hasta el 2021. El otro detalle es la reforma de infraestructura impulsada por Donald Trump, presidente de los Estados Unidos, acompañada de una reforma fiscal.

El Perú es el segundo productor de cobre, luego de Chile; sin embargo, a diferencia del país sureño, tenemos ciertas ventajas con respecto a la producción minera. La energía eléctrica es un elemento que hace la diferencia y en el largo plazo nos coloca con mejores ventajas.

No obstante, surge el gran debate sobre los conflictos sociales alrededor de la minería. Estos conflictos han detenido la ejecución de proyectos mineros como Tía María y Conga y puesto en jaque unidades  mineras como Las Bambas, una de las unidades con dimensiones planetarias. En Apurímac, de alguna u otra  manera, el desarrollo de Las Bambas ha permitido la reducción de la pobreza como jamás en la historia apurimeña.

Cuando escribo todo esto, recuerdo ese bello poema escrito por Federico García Loca, “A Carmela, la peruana”. En una parte del poema García Lorca dice que el Perú es un “país de metal y melancolía”. Lorca tenía razón. El Perú es un país cuya “renta natural” históricamente han sido los minerales pero somos un país melancólico que aún no supera ese viejo debate qué hacer con la minería.