Por Marcos Ibazeta Marino
Ya es costumbre nacional el aceptar el hecho consumado por la negligencia y dejadez de los que gobiernan el país y asumir por inercia costos gigantescos por actos de la población, que, sin conducción gubernamental, sea local, regional o nacional, se ejecutaron irresponsablemente en zonas de alto riesgo; y, por hechos de la naturaleza que, por ser cíclicos, repetitivos y afectar los mismos lugares y de la misma manera, tuvieron que ser objeto de una previa planificación en prevención, reacción, rediseño y reconstrucción.

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