Esta noticia nos invita a una reflexión sobre el inicio del año lectivo en las escuelas públicas y privadas del país.

Primero, recordemos que la educación nacional era una de las más importantes de América Latina en las décadas del cincuenta y sesenta, hecho que comenzó a cambiar –para mal– después del golpe militar del 3 de octubre de 1968, cuando el general Juan Velasco Alvarado no solo interrumpió la joven democracia peruana sino que se empecinó en construir un modelo socialista, pro soviético y acorde con la revolución cubana.

En segundo término, el advenimiento del velasquismo significó desmontar todo el desarrollo en el cual venía trabajando el Perú en materia de comercio, industria, minería y agricultura. No obstante, la dictadura también metió sus narices en la enseñanza pública peruana. Así, bajo una supuesta “reforma educativa” se cambiaron los textos escolares, se mudaron planes educativos, se ideologizó al magisterio y se introdujo una serie de conceptos militantes o antipedagógicos en detrimento de los contenidos más promisorios y auspiciosos para nuestra niñez y adolescencia.

En tercer lugar, terminada la dictadura de Velasco, llegó a Palacio de Gobierno el general Francisco Morales Bermúdez y trató de “reformar” la “reforma“ de su antecesor. Y otra vez los militares se metieron donde nada sabían y adulteraron la pedagogía y la educación nacionales. No obstante ello, cuando el país regresó a la democracia el año 1980, el gobierno del arquitecto Fernando Belaunde y luego el de Alan García trataron de cambiar los moldes encontrados en la educación.

Pese a ello hasta el año 1990, por lo menos, el inicio de clases se mantuvo respetando la fecha del 1 de abril de cada año. Y esto era lógico porque entre los meses de enero a marzo se vive en la estación del verano, y el calor en las aulas hace imposible una buena recepción de la enseñanza que se imparte a alumnos. Además es tiempo de playa y esparcimiento, por lo que las vacaciones escolares eran de tres meses. Pero había una razón adicional que ahora se entiende en toda su magnitud, y era que es una época de huaicos.

Lamentablemente a finales del gobierno aprista y en medio de tantas reformas implementadas sobre el esperpento organizado por Velasco, a alguien se le ocurrió autorizar o permitir que los colegios particulares empezaran a romper esa fecha de inicio, adelantándola una semana. Eso ocurrió y nadie dijo nada, peor aun cuando ya con Fujimori se dio absoluta libertad para que las instituciones educativas hicieran o deshicieran respecto a su gestión educativa y a los contenidos pedagógicos. Esto significó que el inicio de clases se ejecutara ya no una semana antes sino dos, es decir a mediados de marzo.

Ello desató un quién gana primero, y total los colegios se fueron a iniciar las clases el 1 de marzo o el primer lunes de este mes, con lo cual no solo ganaban una pensión más para sus arcas económicas, sino que ponían en riesgo la seguridad de sus alumnos, pues los niños y adolescentes en número de treinta o cuarenta están en aulas que parecen hornos, y ahora sometidos a los vaivenes de los huaicos. ¿No sería mejor regresar a la tradición anterior a la dictadura velasquista, que consistía en empezar las clases los primeros días de abril, máxime cuando convivimos con el fenómeno El Niño.

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