Más allá de las fórmulas de una emergencia nacional y del Estado de excepción, de lo que se trata es de brindar la ayuda oportuna y eficazmente. Así, ante la inclemencia del tiempo, ante las lluvias y huaicos, con pueblos enteros aislados y miles de damnificados que han perdido sus pertenencias y viviendas, todos buscan a las autoridades a fin de que implementen los planes de contingencia y los protocolos de Defensa Civil.

Por fortuna los institutos castrenses están ejecutando diversos planes de remoción de escombros, de entrega de víveres, colchones, carpas y frazadas, así como estableciendo puentes aéreos, los cuales ahora son la diferencia entre la vida y la muerte. Lamentablemente pese a este trance que convoca a la solidaridad de todas las personas, ocurre como siempre que algunas empresas de transporte público interprovincial y sobre todo una empresa de aviación como Latam, se olviden de quienes más necesitan transportarse para ver y socorrer a sus familiares.

Todos conocemos perfectamente cómo funciona la ley de la oferta y demanda, cómo opera el mercado y cómo se desenvuelven las actividades comerciales. Sin embargo, nada justifica el abuso del derecho a poner las tarifas por las nubes, sobre todo cuando hay dolor y muerte en diversas regiones del país. Ese tipo de actitudes merece nuestro más absoluto rechazo y se espera que prime el sano criterio que nunca está en entredicho con la libertad económica y la necesidad de comercio dentro de una ética empresarial.

Por tanto, en esta hora difícil y de prueba para los peruanos, tiempo en donde debemos demostrar solidaridad, cooperación y grandeza de espíritu, instamos de manera especial a las Fuerzas Armadas (Ejército, Marina de Guerra del Perú y Fuerza Aérea del Perú) para que cumplan lo mejor posible su papel en circunstancias de este tipo. Esta es la hora donde un peruano le extiende la mano a otro peruano, a un hermano que ha sido afectado o damnificado por el Fenómeno El Niño y el cambio climático.

Es tiempo de desprendimiento, de ayuda y madurez para paliar los efectos de los huaicos. Son casi sesenta los peruanos fallecidos y muchos los heridos, son millonarias las pérdidas económicas y la destrucción de la infraestructura de las regiones, pero contribuyamos a sobreponernos ante los cortes de agua y electricidad, ante la escasez de alimentos en algunas zonas del país.

Pongamos lo mejor de nosotros, civiles y miembros de nuestras Fuerzas Armadas, porque la reconstrucción empieza cuando apenas termina de pasar un huaico. Cada uno de nosotros, comenzando por el presidente de la República, tiene que poner en práctica lo mejor de su liderazgo.

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