El hecho no solo puso en vilo a nuestra nación sino al mundo entero que horrorizado seguía el día a día de los acontecimientos con el riesgo de muerte para los rehenes, más de setenta que quedarían a merced de los terroristas por más de cuatro meses. En este contexto nuestro Estado no permitió ningún chantaje a los que siempre recurría el MRTA, que de revolucionario no tuvo nada puesto que solo era un grupo delincuencial que secuestraba empresarios para ponerlos en sus llamadas “cárceles del pueblo”, nombre que solo disfrazaba su real intención, la de hacerse con el botín de los rescates, así como cuando asaltaban agencias bancarias o traficaban con las organizaciones de narcos en la selva peruana.

Es decir, el MRTA era una vulgar gavilla de delincuentes que quería un mejor confort y un estándar capitalista de vida, impresionando con su falsa prédica a los incautos; por eso más temprano que tarde, tras su derrota en la toma de la residencia del embajador de Japón, prácticamente se extinguió y desarticuló completamente. No obstante, lo más destacable en este 20º aniversario es la participación de 144 comandos Chavín de Huántar, oficiales de nuestras Fuerzas Armadas que liberaron a más de setenta rehenes un 22 de abril del año 1997.

Hay que ponerse en los zapatos de los rehenes, salvo uno de nombre Hidetaka Ogura, cuyos problemas emocionales e ideológicos le sirvieron para echar sombras sobre el heroísmo de los militares peruanos, pero no importa lo que haya dicho pues el tal Ogura solo es un accidente en este acontecimiento histórico que puso a nuestros militares como los mejores del mundo, superando a otros rescates diseñados y preparados por otros países frente a eventos similares. Empero, como decíamos, hay que ponerse en la situación de los rehenes, para comprender sus angustias, sus maltratos recibidos por los terroristas, y entender sus deseos de libertad y sobrevivencia, para recién comprender que los comandos Chavín de Huántar son verdaderos héroes.

En este extremo no hay lugar para querellas bizantinas o discusión de protocolos antojadizos, pues para nosotros y para la nación peruana está claro que son héroes. Y si ahora hay un proyecto que va en ese sentido, pues bien, que se apruebe y que sirva para reconocer el arrojo, la valentía y el profesionalismo de quienes ingresaron a la residencia del embajador del Japón para devolverle la vida y la libertad a los rehenes, así como para acabar con la extorsión que el MRTA le quería imponer al Estado peruano.

Finalmente, el ejemplo más claro que le dimos al mundo es que con el terrorismo no se negocia, y si algunos refieren las desafortunadas palabras de un congresista del Frente Amplia, acerca de que los comandos “no son héroes”, esas expresiones en verdad que no merecen comentario alguno por estar fuera de foco y por ser mezquinas con dos soldados de nuestro Ejército que perdieron la vida ese 22 de abril de 1997, y así como ellos cualquiera de sus compañeros de armas pudo morir. Vaya, pues, la eterna gratitud del pueblo peruano a sus comandos Chavín de Huántar, ahora y siempre: ¡Honor y gloria!

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