A la luz de la doctrina penal, la prueba indiciaria tiene un efecto práctico para identificar conductas típicas y culpables. Así se van revelando los nombres de los socios y cómplices de Odebrecht.

No olvidemos que la constructora aludida usó finos procedimientos para rodearse de la gente necesaria y con capacidad de decisión a la cual debía sobornar sistemáticamente, hecho que se concretó a lo largo de los gobiernos de Toledo, García y Humala. Pero, por lo que se evidencia, y dado que muchos personajes de la actual gestión de alguna manera estuvieron en puestos públicos en el tiempo en que Odebrecht se codeaba con líderes políticos, se genera ahora un mecanismo de defensa e instinto de conservación ejecutados por algunos reciclados que vivieron del Estado, por ejemplo, durante el gobierno de Toledo y que hoy son connotadas personalidades del partido Peruanos por el Kambio.

El caso es más grave cuando un exministro toledista es hoy Presidente de la República, y tiene a su alrededor a antiguos colegas, no solo en su gabinete ministerial sino también en el Congreso, quienes asumen un desesperado blindaje presidencial. Existen parlamentarios que fueron asesores del hoy expresidente Toledo, así como también existió un estrecho grado de cercanía entre el líder de Perú Posible y el actual primer mandatario, pero lo más contundente son las revelaciones que a diario surgen mostrando incluso asociaciones con GyM o el tal Sepúlveda, ciudadano chileno amigo del matrimonio Kuczynski-Lange.

El caso es que la sombra de Odebrecht y de otras firmas consorciadas está sobre la cabeza de altos funcionarios del Ejecutivo, quienes no atinan sino a una desesperada medida de sobrevivencia en un momento en el cual las pesquisas se acercan a la familia presidencial, pues incluso la esposa del primer mandatario fue invitada a declarar ante la Comisión Lava Jato. En este contexto no falta que aparezca un “salvador” y arroje un salvavidas al inquilino de Palacio, y pese a que también es uno de los reciclados del gobierno de Toledo, se mantiene como ayer en el Ministerio del Interior.

El ministro Basombrío, excolumnista izquierdista, sabe que el problema número uno es la inseguridad ciudadana y que el público pide a gritos paliar la ola delincuencial, por tanto aprovecha los megaoperativos no solo para lavarle la cara al Gobierno sino también para distraer al ciudadano. Otros ministros ya hicieron eso y así no se le gana a la criminalidad.