La lucha política y el debate implican puntos de vista diferentes, sin embargo no es nada auspicioso para un país cuando ocurre la radicalización de la protesta en las calles y cuando las posiciones se tornan en violencia subversiva. Los excesos son los que se deben evitar.

En ese sentido, desde esta columna, exigimos sindéresis y mayor inteligencia emocional a los actores políticos. Más aún cuando se debe tener cabeza fría para pensar y actuar mejor frente a los enemigos de la nación como es la corrupción de Odebrecht, entre otras redes de criminalidad organizada que actúan contra el Estado y la vida de los peruanos, y cuando está pendiente desenmascararla en todos su niveles por donde pasaron políticos y funcionarios públicos corruptos que le sirvieron la mesa teniendo como plato de fondo a las multimillonarias concesiones.

Por tanto, es menester que el oficialismo y la oposición tengan presente que hay otro tipo de objetivos que los van a rodear y que van a buscar conducirlos por caminos que no necesariamente son los más sensatos para los intereses nacionales. Por si acaso no olvidemos que la agenda fundamental de la nación es evitar la impunidad de los corruptos, quienes por ejemplo −respecto de Odebrecht− anidaron a la vera de los presupuestos públicos durante tres gobiernos, y obviamente ese es un derrotero en los cuales tienen que estar bien enfocados.

No cabe duda que se está intensificando un panorama de enfrentamiento y conflictos sociales callejeros y eso no le conviene a ninguna sociedad. De modo que esa escalada debe frenarse y denunciarse, sobre todo a los sectores de izquierda que vienen apuntando en esa dirección, máxime cuando ya saben que sus marchas en Lima son cada vez más raleadas e inocuas, por lo que ahora optan por la agitación de las provincias junto a los cuadros senderistas que ya están preparados para el boicot a gran escala.

Por obvias razones ideológicas, los sectores radicales de la izquierda hoy toman como pretexto el indulto a Alberto Fujimori a fin de soliviantar los ánimos, llevando por ejemplo a su gente −y a no pocos tontos útiles− al bloqueo de carreteras. Frente a este clima de confrontación, los estamentos de seguridad e inteligencia del Estado tienen que tener claro que ya no solo se trata de Sendero Luminoso sino que también están los activistas radicales con experiencia de agitación en Cajamarca y Cusco, así como los etnocaceristas y los atávicos miembros del Inkarrislam.