LA POZA DE LA SIRENA
Cuenta la leyenda, que antiguamente Ilo era una caleta pequeña con casas que estaban aisladas unas de otras. La gente cocinaba a leña y había quienes vivían de recolectar y vender esta materia prima. Pues bien, un día, uno de estos hombres se fue al valle para traer leña pero se entretuvo comiendo fruta al extremo que le dio la tarde. Ante el apuro porque no le cogiera la noche, rápidamente formó un atado, se lo puso en la espalda y empezó a caminar por la orilla del mar. Justo cuando pasaba por un trecho muy pegado al mar, sintió una voz de mujer que estaba cantando. Sorprendido porque la voz salía del mar, dejó a un lado su atado de leña y se sentó frente a mar para ver qué era lo que pasaba, pues no solamente escuchaba el canto de la mujer sino que también veía en mar algo que se movía. De pronto, para su sorpresa, sintió un chapuzón y sobre la espuma blanca salió una mujer. Si bien el leñador no se dio cuenta que la mujer tenía cola de pescado, logró comunicarse con ella mediante señas por un buen rato hasta que decidió despedirse de ella. Ante esto, la sirena metió las manos al agua y, con lo que sacaba, comenzó a llenarle las manos al hombre que no hizo más que recibir el regalo y meterlo en sus bolsillos. Luego se despidieron y es recién en este momento que el leñador se dio cuenta que había estado con una sirena. Pensativo, se quedó un rato mirando al mar, pensando en si contaba lo que había visto o no, pero luego se puso a pensar que lo más probable era que nadie le creería o lo que es peor, pensarían que estaba loco. Entonces decidió callar y enrumbo hacia el pueblo para repartir la leña. Cuando termino su venta, se fue a un bar a tomar vino y cuando lo terminó, metió su mano al  bolsillo para sacar las monedas con las que le habían pagado por la leña. Tal fue su sorpresa cuando se dio cuenta que entre las monedas tenía perlas. La noticia corrió rápido por el vecindario y como el hombre era pobre, un grupo de pobladores lo acusó de robo y le exigió que revelase de dónde había obtenido las perlas. Si bien en un comienzo se mantuvo en silencio decidió contarlo todo pero nadie le creyó. Insistiendo en su historia, un grupo de pobladores le propuso que hiciera lo mismo, así es que, juntos fueron hacia la poza donde efectivamente estaba la sirena sobre la roca solitaria. Viendo la ambición de quienes acompañaban al pobre leñador, la sirena se lanzó al agua saliendo luego a la roca, con perlas y otras piedras brillantes en las manos. Ante esto, los pobladores ingresaron al mar con dirección a donde estaba la sirena y cuando estaban por llegar a la roca, la sirena se lanzó al mar y fue ahogando a cada uno de los pobladores que habían ingresado al mar, ante la mirada atónita del leñador que salió corriendo hacia el pueblo contando lo que había sucedido sin convencer a nadie. Con el tiempo, cada vez que el leñador bebía vino más de la cuenta, contaba lo que había vivido hasta quedarse dormido. Su muerte hizo que la gente se olvide de él pero su historia quedó para siempre.
TRES HERMANAS
Cuenta la leyenda que en una época de nuestra historia, un gobernante del valle tenía tres hermosas hijas a las cuales protegía como lo más valioso que tenía, disponiendo para ellas un contingente de cuidadoras que debían pagar con su vida si algo les pasaba. En uno de sus frecuentes paseos llegaron hasta el mar en donde a lo lejos divisaron unas raras embarcaciones que nunca habían visto y de las cuales, luego de acercarse hacia la costa, descendiendo en un bote pequeño, unos hombres de barbas largas y con cuerpos que brillaban con el sol. Mientras todos retrocedían ante estas personas, la curiosidad de las niñas las empujo a acercarse lo más posible al borde de aquella playa, desobedeciendo los llamados del anciano que siempre las acompañaba. Uno de ellos, aparentemente un intérprete, las invitó a subir pero conforme avanzaban empezaron a convertirse en grandes peñascos de acuerdo al tamaño de cada una de ellas. El anciano al tratar de protegerlas inició un ritual que las transformó en rocas confundiéndose con el resto del roquerío y formando una pequeña poza natural entre ellas. Por mucho tiempo y luego de castigar a quienes no pudieron proteger a las hermanas, se dice que desde el valle salían constantes romerías con el padre a la cabeza, invocando a los dioses le devuelva a sus hijas, ruego que los dioses nunca escucharon. Hoy es fácil ver los tres peñascos que dan nombre a la playa y se puede visitar la poza que es una pequeña piscina natural.
EL ESPITIRU VENGADOR DEL PIRATA
Narran los pescadores con más experiencia, que Puerto Inglés, playa ubicada al sur Ilo, antiguamente fue como una especie de fuerte y desembarcadero pirata. Los piratas desembarcaban aquellos tesoros que sustraían de los navíos de la corona española en una fortaleza peñosa construida por la propia naturaleza, la cual se haya en el cerro de peñas que se encuentra ubicado frente a la playa. Como era costumbre, después de haber atacado un navío real, la tripulación pirata quedaba maravillada de tanta riqueza, todos los objetos eran de oro y decorados con rubíes. Al día siguiente de cada robo, el capitán de la embarcación declaraba los tesoros y a la vez los demás daban fe de protegerlo de cualquier amenaza inclusive sacrificando sus vidas. Una noche Gulibert uno de los piratas, presionado por la codicia de la mujer que amaba, sustrajo un cofre. Al ser descubierto por sus compañeros, huyó despavoridamente rumbo al cerro de peñas con la finalidad de esconderlo. No había pasado mucho tiempo y Gulibert fue detenido por el capitán, quien ordenó castigarlo por la traición con la pena de muerte, y así lo hicieron. Degollaron a Gulibert y condenaron su espíritu a la protección infinita de los tesoros. Transcurridos los años, nadie se atrevía a buscar el barril pues el espíritu de Gulibert recorre las inmediaciones del cerro de peñas, decapitado debido al castigo que le dieron. Se dice que su espíritu seguirá penando hasta reunir la cantidad de vidas que tenía la tripulación pirata a la que pertenecía. También dicen que aquel que encuentre o trate de encontrar el barril del tesoro será maldecido como Gulibert.
MARIA SOSA Y PEDRO TUNTE
Esta es la historia de una roca que se encuentra en el valle de El Algarrobal y tiene la forma de una mujer subiendo un cerro, y aunque las versiones difieren un poco como en toda leyenda, ella se centra en la maldición que sobre María Sosa y pedro Tunte lanzo la madre de la primera. María Sosa era una mujer que vivía en el valle y estaba casada con el señor Pedro Tunte. Su madre era una persona muy importante que tenía la costumbre de agasajar a las personas que la visitaban. Cierto día, una de las autoridades de Moquegua llegó a su casa y no tenía qué prepararle; así es que, fue a la casa de su hija para pedirle que le prestara una res para agasaja al ilustre visitante. María Sosa habló con su esposo y él le dijo que no porque no estaba de acuerdo con lo que su madre gastaba en aquellos recibimientos. Al ver la negativa de su hija, aguardó a que llegara la noche e ingresó al corral para sacar la res; pero en la oscuridad, no se dio cuenta de que al ir por unos matorrales, las piedras, palos y tallos pequeños, empezaron a hacerle heridas profundas en el cuerpo, causándole la muerte. Según la leyenda, el entierro de María Sosa fue muy dolido y vinieron personas desde Moquegua y desde las quebradas del norte y en él no se comentaba otra cosa que la negativa de la mala hija de no querer regalarle un animalito a su  madre. Con los días vendrían nuevos acontecimientos: María Sosa desapareció en el valle y la encontraron convertida en piedra en el camino que la llevaba hacia el corral de sus animales. Lo más curioso es que sus animalitos también estaban convertidos en piedra lo que despertó la fantasía de los vecinos que empezaron a hablar de la maldición que les había caído y culpaban de todo ello a Pedro Tunte quien una mañana apareció convertido en un cerro en medio del valle. Hoy se puede ver a María Sosa como una piedra en forma de cholita con su peque en la espalda subiendo un cerro justo bajo un recuadro en cuyo centro se pueden notar varias piedras y, dentro de la hacienda Chiribaya, el cerro que los lugareños conocen como Tunte.
SAN ANTONIO
La leyenda de San Antonio hace referencia a una roca en medio de una quebrada encima del fundo Maldonado donde se ubica el Parque Ecológico de El Algarrobal. Esta formación natural asemeja a una persona cubierta de una capa subiendo la quebrada, con una pierna flexionada y el brazo derecho pegado al cuerpo. Según la leyenda, en una época de crisis con sequía y mortandad de animales llegó al valle un personaje que dijo llamarse Antonio, que trajo consigo la lluvia, el agua y el crecimiento del rebaño. Luego de permanecer un tiempo entre los pobladores, Antonio decidió seguir su camino hacia los valles del norte, no obstante la gente empezó a rogarle por que se quedara pues estaban seguros de que si él se iba regresaría la escases y la muerte. Sin escuchar explicaciones y viendo que sus explicaciones no lograban convencer a los lugareños, Antonio continúo su viaje pero en medio del cerro se detuvo quedando quieto a partir de ese momento. Intrigada, la gente subió presurosa al cerro viendo con asombro que lo que allí había era una piedra con toda la apariencia de quien días antes los había visitado. Desde esa vez, la gente no dejo de hablar de San Antonio, nombre con el que se conoce a esta roca, inconfundible en medio del cerro.

 

Fuente: Edwin Adriazola Flores "Ilo: Nuestra Tierra" (2014)